Plaza Fariñas
La Plaza de Fariñas tiene por su situación y aspecto algo único. Siempre fue una plaza mimada y coqueta, y en las tardes de cualquier estación del año se llena de parejas o personas mayores que se cuentan el cambio que ha tenido La Línea.

Sobre todo se llena de niños de todas las edades, que con sus gritos y risas le dan ese aspecto y sonido que la hace especial y le da esa alegría.
Esto es lo que siempre han querido los alcaldes que se fijaron en ella.
Don Juan Bautista Fariñas fue el primero que quiso arreglar aquella huerta llamada del Obispo, ya que era propiedad del obispo Calvo Valero, quien quería edificar ahí la Iglesia.
Por motivos que desconocemos no llegó a realizarse su sueño, y a la muerte de este, al no conocerse herederos, se dejó abandonada y se convirtió en un vertedero.
El alcalde la arregló haciéndole plantar algunas palmeras, sembrando arriates con flores y poniendo algunos bancos de madera.

Cuando estaba terminada la obra, aparecieron unos sobrinos del obispo que pretendían demandar a la ciudad por apropiación indebida. El agua no llegó al río y se arregló pagando 6.000 pesetas a estos herederos.
Más tarde, el alcalde don Andrés Viñas la embelleció aún más, dándole un aspecto típicamente andaluz.
Este no fue el único cambio que sufrió, siempre intentando hacerla más bonita. Otra reforma se realizó en 1986, y a su alrededor se edificó la sede de la Unión Deportiva Linense.
En sus más de 100 años de existencia, esta plaza ha sido testigo de muchos acontecimientos: la Asamblea Local de la Cruz Roja, conciertos de bandas de música, un cine mudo de verano llamado Cuatro Ojos, el incendio del Casino Kursaal en 1922, la Feria del Libro, mítines y festejos de toda clase.
